Reconstruir
la UCR desde su raíz histórica
El reciente resultado desfavorable en las
elecciones nacionales para diputados y senadores senti la necesidad como
afiliado y militante de la Unión Cívica Radical (UCR), de hacer una reflexión
profunda y necesaria sobre el estado de nuestra identidad como partido. Desde
que milito en el radicalismo, desde el fin de la dictadura y la vuelta de la
democracia en 1983, participando en aquel primer acto de Alfonsín en Ferro y en
cada elección sucesiva, como dirigente estudiantil de Franja Morada, afiliándome
en julio de 1987, luego delegado de la Juventud Radical en los 90 y militante
hasta el día de hoy, creo firmemente que la clave para recuperar la vitalidad y
relevancia de la UCR está en reconectar sus principios fundacionales y su
historia.
Entiendo que la crisis actual no es solo
electoral, sino de sentido y de pérdida de visibilidad doctrinaria. Si la UCR
es el partido más longevo de Argentina y América Latina, con 134 años de
historia, es porque siempre supo representar las demandas de progreso,
inclusión social y ética pública. Esa es nuestra matriz y debemos reafirmarla
con firmeza.
La historia del radicalismo muestra grandes
actos cívicos que definen quiénes somos. Nacimos para garantizar el voto
universal, secreto y terminar con el fraude, logrando años después la Ley Sáenz
Peña en 1912. Los gobiernos radicales de ese tiempo no solo ampliaron la
participación ciudadana, sino que construyeron un Estado moderno y justo, con
hitos como la “Reforma Universitaria de 1918”, la creación de YPF, la primera
empresa estatal petrolera del mundo y los avances en derechos sociales para los
trabajadores. Nuestra identidad está ligada a la idea de “Reparación” de
Hipólito Yrigoyen y la “Causa de los Desposeídos” de Leandro Alem. Después de
décadas difíciles, entre los años 1930 y 1983, la recuperación democrática de
1983 tuvo al radicalismo como protagonista, con el gobierno de Alfonsín garantizando
la democracia y poniendo el país como ejemplo mundial con el Juicio a las
Juntas y la creación de la CONADEP. Ese compromiso ético y republicano es
nuestra marca.
Es por eso que perdemos identidad cuando
dejamos de ser el partido que encarna esas banderas. Volver a ellas no es
nostalgia, sino actualizarlas para los desafíos de hoy. La “Profesión de Fe
Doctrinaria” dice que el radicalismo es una corriente histórica de emancipación
popular y una forma ética de hacer política. Ese legado nos guía para
reconstruir la solidaridad y la lucha policlasista, basados en nuestras raíces
krausistas, el liberalismo social y la socialdemocracia.
Debemos ser la voz de la clase media y, como
en nuestros orígenes, de los sectores populares y descendientes de inmigrantes,
de toda la sociedad en su conjunto. Nuestra misión es defender el espíritu de
la Constitución Nacional, promoviendo una democracia social moderna que respete
siempre la libertad humana por encima de cualquier interés patrimonial del
Estado. Recuperar las ideas de Crisólogo Larralde y el Artículo 14 bis de la
Constitución Nacional como bandera radical, es fundamental para proteger los derechos
sociales y laborales. La UCR debe recuperar la intransigencia que la hizo
fuerte. No se trata de dogmatismo sino de dignidad cívica, ser éticos e
incorruptibles, sin caer en oportunismos o populismos que dañan la vida
institucional. Necesitamos superar las tácticas electorales para enfocarnos en
nuestra doctrina, debemos actuar con coherencia, defendiendo la libertad con
igualdad y apostando a la educación pública de calidad, que impulsa la
movilidad social.
La formación política de la militancia debe
basarse en la historia y la “Profesión de Fe Doctrinaria” para que volvamos a
ser un partido de ideas, con pensamiento propio y recuperar el debate y la
democracia interna.
La UCR debe liderar con principios, no con
coyunturas. Los acuerdos electorales deben servir para implementar nuestro
programa, no para perder nuestra identidad. Nuestros dirigentes deben encarnar
la ética de la solidaridad y la firmeza, evitando las simplificaciones y
polarizaciones que solo buscan bloquear el debate profundo.
No debemos inventar una nueva identidad, sino
recuperar nuestra identidad histórica como el partido popular, federal y
defensor de la libertad. Así honramos nuestros 134 años, y ofrecer a la
Argentina la única alternativa que une progreso económico, derechos ampliados y
democracia sólida.
Es hora de que la UCR sea nuevamente el faro
ético y social que nuestro país y región tanto necesitan.
Sergio
Petrocelli
Afiliado
UCR