28 octubre 2025

 

Reconstruir la UCR desde su raíz histórica

 

   El reciente resultado desfavorable en las elecciones nacionales para diputados y senadores senti la necesidad como afiliado y militante de la Unión Cívica Radical (UCR), de hacer una reflexión profunda y necesaria sobre el estado de nuestra identidad como partido. Desde que milito en el radicalismo, desde el fin de la dictadura y la vuelta de la democracia en 1983, participando en aquel primer acto de Alfonsín en Ferro y en cada elección sucesiva, como dirigente estudiantil de Franja Morada, afiliándome en julio de 1987, luego delegado de la Juventud Radical en los 90 y militante hasta el día de hoy, creo firmemente que la clave para recuperar la vitalidad y relevancia de la UCR está en reconectar sus principios fundacionales y su historia.

  Entiendo que la crisis actual no es solo electoral, sino de sentido y de pérdida de visibilidad doctrinaria. Si la UCR es el partido más longevo de Argentina y América Latina, con 134 años de historia, es porque siempre supo representar las demandas de progreso, inclusión social y ética pública. Esa es nuestra matriz y debemos reafirmarla con firmeza.

  La historia del radicalismo muestra grandes actos cívicos que definen quiénes somos. Nacimos para garantizar el voto universal, secreto y terminar con el fraude, logrando años después la Ley Sáenz Peña en 1912. Los gobiernos radicales de ese tiempo no solo ampliaron la participación ciudadana, sino que construyeron un Estado moderno y justo, con hitos como la “Reforma Universitaria de 1918”, la creación de YPF, la primera empresa estatal petrolera del mundo y los avances en derechos sociales para los trabajadores. Nuestra identidad está ligada a la idea de “Reparación” de Hipólito Yrigoyen y la “Causa de los Desposeídos” de Leandro Alem. Después de décadas difíciles, entre los años 1930 y 1983, la recuperación democrática de 1983 tuvo al radicalismo como protagonista, con el gobierno de Alfonsín garantizando la democracia y poniendo el país como ejemplo mundial con el Juicio a las Juntas y la creación de la CONADEP. Ese compromiso ético y republicano es nuestra marca.

   Es por eso que perdemos identidad cuando dejamos de ser el partido que encarna esas banderas. Volver a ellas no es nostalgia, sino actualizarlas para los desafíos de hoy. La “Profesión de Fe Doctrinaria” dice que el radicalismo es una corriente histórica de emancipación popular y una forma ética de hacer política. Ese legado nos guía para reconstruir la solidaridad y la lucha policlasista, basados en nuestras raíces krausistas, el liberalismo social y la socialdemocracia.

   Debemos ser la voz de la clase media y, como en nuestros orígenes, de los sectores populares y descendientes de inmigrantes, de toda la sociedad en su conjunto. Nuestra misión es defender el espíritu de la Constitución Nacional, promoviendo una democracia social moderna que respete siempre la libertad humana por encima de cualquier interés patrimonial del Estado. Recuperar las ideas de Crisólogo Larralde y el Artículo 14 bis de la Constitución Nacional como bandera radical, es fundamental para proteger los derechos sociales y laborales. La UCR debe recuperar la intransigencia que la hizo fuerte. No se trata de dogmatismo sino de dignidad cívica, ser éticos e incorruptibles, sin caer en oportunismos o populismos que dañan la vida institucional. Necesitamos superar las tácticas electorales para enfocarnos en nuestra doctrina, debemos actuar con coherencia, defendiendo la libertad con igualdad y apostando a la educación pública de calidad, que impulsa la movilidad social.

  La formación política de la militancia debe basarse en la historia y la “Profesión de Fe Doctrinaria” para que volvamos a ser un partido de ideas, con pensamiento propio y recuperar el debate y la democracia interna.

  La UCR debe liderar con principios, no con coyunturas. Los acuerdos electorales deben servir para implementar nuestro programa, no para perder nuestra identidad. Nuestros dirigentes deben encarnar la ética de la solidaridad y la firmeza, evitando las simplificaciones y polarizaciones que solo buscan bloquear el debate profundo.

  No debemos inventar una nueva identidad, sino recuperar nuestra identidad histórica como el partido popular, federal y defensor de la libertad. Así honramos nuestros 134 años, y ofrecer a la Argentina la única alternativa que une progreso económico, derechos ampliados y democracia sólida.

  Es hora de que la UCR sea nuevamente el faro ético y social que nuestro país y región tanto necesitan.

 

Sergio Petrocelli

Afiliado UCR

10 julio 2025

 

La imperiosa necesidad de los espacios adolescentes en la política argentina: Un llamado a la acción para la UCR



La participación juvenil en la política es un pilar fundamental para la democrática y la renovación partidaria de la UCR. En Argentina, donde los adolescentes pueden ejercer su derecho al voto a partir de los 16 años, la relevancia de estos espacios se vuelve aún más acuciante. La Unión Cívica Radical (UCR), partido que tuvo un rol trascendental en la recuperación democrática de la década de 1980, enfrenta hoy el desafío de reconectar con las nuevas generaciones para asegurar su sostenibilidad y liderazgo en el futuro.

El legado de la Franja Morada y el desafío actual

La Franja Morada Secundarios, que desde 1983 hasta mediados de los años 90, fue una fuente invaluable de dirigentes para la UCR. Muchos de aquellos jóvenes militantes hoy desarrollan actividades y del partido, sosteniéndolo generacionalmente. En la actualidad, la Franja Morada en la universidad, sigue siendo la principal cantera de militantes formados, aportando cuadros que difunden las ideas y posicionamientos políticos del radicalismo en sintonía con la coyuntura.

Sin embargo, esta estructura, si bien valiosa, resulta insuficiente al proyectar el futuro del partido en la próxima década. Las estructuras internas partidarias obsoletas en relación a los cargos electivos en ateneos o comités seccionales, limitan el alcance y la renovación del partido. La UCR necesita ampliar su base de militancia y comenzar a sembrar las semillas del compromiso político en etapas más tempranas.

Es imperativo que la UCR inicie un camino proactivo para la suma de militantes en el nivel secundario. Esto implica no solo reflotar y fortalecer los centros de estudiantes –muchos de los cuales están actualmente ocupados por agrupaciones de izquierda o del peronismo– sino también proponer un cambio de paradigma en la formación de cuadros. Al involucrar a los adolescentes en la política desde edades tempranas, el partido no solo obtendría beneficios electorales a futuro, sino que también impulsaría los cambios generacionales necesarios para reordenar y modernizar su estructura interna.

La creación de espacios de participación significativos para los adolescentes dentro de la UCR permitiría:

Fomentar el interés cívico y el desarrollo del liderazgo, renovar el ideario partidario: Incorporar nuevas perspectivas, ideas y preocupaciones de las generaciones más jóvenes, enriqueciendo el debate interno y adaptando el discurso a los desafíos actuales.

Construir un semillero de futuros dirigentes es formar a quienes serán los líderes del mañana, asegurando la continuidad y la vitalidad del partido.

En un escenario político dinámico y en constante evolución, la planificación es una necesidad estratégica. Reflotar los espacios adolescentes en la política argentina, con un enfoque renovado y comprometido por parte de la UCR, es el camino para asegurar un futuro próspero para el partido y para la democracia argentina en su conjunto.