13 junio 2015

El silencio de los colimbas después de 26 años.

     Anoche nos juntamos después de 26 años, una parte del Grupo Comando de la 1° Sección de la Compañía “B” Tuyuti del Regimiento de Infantería Mecanizada 3 “General Belgrano” con asiento en La Tablada, el encuentro fue a las 21 hs en el Boliche de Darío, parrilla de caballito, previo a ese encuentro, en años anteriores nos juntamos algunas veces, recordando anécdotas de aquellos tiempos, que con 18 o 19 años empuñamos todo tipo y tamaño de armamento y diferentes vehículos de combate, siempre con divertidos y detalles momentos compartidos.
        Llegue unos minutos antes, hacía frio en la puerta y empezó lo que seguramente en mi inconsciente siempre está, el de asociar clima, aromas y situaciones contemporáneas, con aquella época que consumió minuto a minuto parte de mi vida, con ambigüedades, como soportar hambre, sueño, angustias, bailes, con la única música (Carrera Mar y Cuerpo a tierra), el orden cerrado, el Pelotón Fantasma, el Duchi Club, Pe.Su.Co y otros tipos de torturas físicas y psicológicas para formatear el cerebro de un recluta para moldearlo y formar un soldado infante, las manos frías, me recordaban esas noches de guardia o días fríos en ejercicios de campo, La Tosquera, Ezeiza, Punta Indio, Campo de Mayo, etc.
        Llego Baeza un señor puntual, por eso nuestro dragoneante, después Arcuri, férreo luchador desafiando lipotimias y desmayos, entramos, al rato llega el Gallego, soldado tardío, de tranco lento, perezoso y encorvado, nos sentamos, cenamos, brindamos con vino, recordamos anécdotas, revividas unas y otras mil veces, al término de la cena, llego, “Montoya” el conductor del Reo, imponente camión, chofer de Jeep y gran recuperador de utensilios de combate, nuestro proveedor de logística en el campo, fuimos a candilejas un bar asociado a mi pasado del Vieytes, pero eso es otro tema, pedimos café, otros cerveza y recorrimos entre todos un pasaje de nuestras vidas, una síntesis de 26 años, mechando entre recuerdos de vivencias de la colimba, pero cada vez con silencios entre anécdota y anécdota, como si el tiempo no hubiera pasado y nuestro recuerdo tomaba cuerpo, como aquel movimiento inesperado del gallego y sus giros inesperados del “Orden Cerrado” (desfile) como si fuera uno de los tres chiflados, recordando nuestros guisos de mondongo y fideos con gorgojos, mate cocido con caldo, cangrejos hechos en la marmita, que nos comíamos hasta las pinzas, y demás exquisiteces, otra vez el silencio, de repente cierra el bar, nadie quería moverse de ese estado de recuerdo, nos vamos a otro bar “el Destino”, como si fuera una paradoja, pedimos café, lo recordamos al “Sapo” Lavalle, compañero de ruta que no vimos más, vaya a saber que es de su vida, nos miramos y otra vez historias y recuerdos, silencios que entre el cansancio de la noche e intercambio de fotos de nuestros hijos e hijas, otra vez predominaba el silencio, momento que interpreto, que era, no poder creer que habían pasado 26 años y nos mirábamos entre nosotros como si hubiéramos vivido codo a codo estos últimos años, pero lo vivido fue en 1989, después algunos esporádicos encuentros, pero esos silencios representaban el afecto, el cariño, el respeto, la admiración, de saber que éramos 5 tipos que nos sentíamos amigos de toda la vida y que esos minutos de colimba, valían 26 años de amistad y que no hace falta hablar de nada, para saber lo que piensa el otro, porque el hambre, el frio, la angustia, la bronca, se transformó en compañerismo, camaradería y por sobre todo en buenas personas, que en silencio nos entendemos de memoria y que el silencio de la colimba, logro que nuestros ojos hablaran, nuestras miradas se transformen en palabras, como ese abrazo final, de chau nos vemos en la próxima, cada uno a su casa en silencio.


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