25 septiembre 2019

Los 50 años de Silvano




Los 50 años de Silvano
MANIFESTO, FAMILIA y AMISTAD

     Si buscamos en el diccionario, manifiesto: es una declaración pública de principios e intenciones, a menudo de naturaleza política o artística y la amistad: una relación de afecto, simpatía y confianza que se establece entre personas que no son familia, como así también la familia: es un conjunto de ascendientes, descendientes y demás personas relacionadas entre sí por parentesco de sangre o legal.
      Estos conceptos relacionados entre sí, lo vivimos en forma cotidiana a lo largo de nuestra existencia, nos relacionamos y lo vivimos sin darnos cuenta con el paso del tiempo, pero algo nos pasa cuando nos reunimos Silvano, Mario, Juan Pablo, Luis y yo, florecen vivencias, logros, fracasos, alegrías, debates, sensaciones, admiración por el otro, se resaltan proyectos, angustias; Somos adultos que reviven épocas pasadas como si fueran hoy, desde hace más de 30 años.
      Silvano llego en 1980 a 5º grado en la Escuela República del Perú, del barrio de floresta, ahí comenzaron las primeras hojas de la historia, una relación de amistad, de interacciones de pibes de 11 años que empezaron a escribir un manifiesto, compartiendo la vida escolar, con la Betty Mariano, Aldo Ortiz, la Trucha, el pelado Ehkirch y la madre de Testa, miles de anécdotas de esos niños que, entrando a la vida adolescente, comenzaban a construir un grupo, una familia; al poco tiempo, en el balcón del Dto de los Brieva, los conocí de casualidad, en el año 1984, algunos de ellos los conocía por la cooperadora, de cruzarnos en el patio de la escuela del Perú, a Mario por ir al Vieytes, a Luis por el Huergo, en ese año hubo conexión, similares gustos, extrañas coincidencias, empezamos a compartir, días y noches, tanto en el balcón de los Brieva, en el kiosco de Mario, en el bar de la vía de Segurola, en las calles del barrio, en nuestras casas; cumpleaños de 15, fiestas, reuniones, asados, mezclados por la pasión de la militancia estudiantil de algunos, noviazgos adolescentes, y complicidades de turno, veranos interminables, donde paso de todo y vivimos intensamente esos días.
      Pero un día, nos llega la noticia de que Silvano, se va a vivir a Brasil, en mi caso habíamos compartido poco, me entristeció la decisión de la familia, pero entendíamos que, para Él, era lo mejor, y bancamos esa decisión, eran tiempos distintos, no había redes sociales, tecnología, solo el teléfono fijo y cartas postales, hicimos despedidas con la promesa de vernos en algún momento.
       Al tiempo, un par de años después, volvió de vacaciones Silvano a la Argentina, en un español raro, conocimos a sus primas María y Delia, sus tíos, su familia de Buenos Aires, ahí empezó un raid de viajes mas frecuentes, su español empeoraba, su desesperación por Buenos Aires y sus amigos crecía con el tiempo, vivía intensamente su terruño, la ciudad que nació, esa que vivió con sus amigos, los de Vélez, los del Perú, los que revoleaban bolsas de basura por lo aires, los de los cumple de 15, pero Silvano, siempre describía su “San Pablo”, su nuevo hogar y lo difícil que se le hacia la adaptación, un desarraigo que se desplegaba en cada retorno a Brasil, despedidas que se sufría, que intentaba hasta ultimo momento respirar el ultimo aroma de Bs As, el ultimo abrazo fraternal de esa amistad sin fronteras.
      Pasaron los años y tuve la oportunidad en 1992 de visitarlo con mi primo Aníbal, en su “San Pablo”, conocí a Laura su hermana, su Papa y Mama, a su primo Luis, donde vivía, que hacía, donde trabajaba, que comía, recuerdo que fueron 11 días intensos, comencé a entender más su pasión por Bs As, como extrañaba su infancia vivida, por los amigos de acá.
      Después de ese encuentro, hubo otros viajes, idas y vueltas, de Silvano a Buenos Aires y en mi caso, a San Pablo; un año en 1994 por MSN, (llego la tecnología), me cuenta que va a abrir un bar de heavy metal, lo abrió, mezclando su pasión metalera con el negocio del bar, hoy MANIFESTO BAR, que este 2019, cumple 25 años, un bar a todo trapo, que sabemos que en cada ladrillo, en cada guitarra de la pared, en cada sonido de ambiente, vuela un sueño hecho realidad, su “Bar” en su “San Pablo”.
      Silvano es un tipo, que vino a Bs As muchas veces, siempre describiendo su bar, su pasión, demostrando que su característica de emprendedor no cesa y aumenta con el pasar del tiempo, apareció Mel, luego Breno, son su vida, su familia construida, Breno, la extensión de su alma, a ellos los trajo a casamientos, cumple de 15, y les inyecto su pasión por Bs As.
     En los últimos 3 años, Silvano visito la Argentina, varias veces, en distintas versiones, con Luis solos, con su Familia y la familia de Luis, varias veces solo, ya perdí la cuenta de las visitas, siempre con asados y reuniones de por medio, luego formamos un grupo de WhatsApp, videos llamadas, mensajes, donde siempre nos recuerda las fechas de reunión, incentiva la unión nuestra y de los viernes mensuales, esta ahí, al acecho del encuentro, insistiendo a que visitemos San Pablo todos, una arenga eterna, mezclada con puteadas, insultos, dejándonos siempre al desnudo que somos unos ingratos, al punto tal que logro que Mario viaje y lo visite.
      Llegaron los 50 años de Silvano, en un momento donde se nos complicó la difícil situación vivida por las elecciones y la devaluación, una invitación que Silvano sostuvo meses, sin descanso, enviando audios, llamadas, mensajes, para que viajemos, siempre escuchando la negativa y nuestras excusas, pero el insistió y envió un audio que nos dejo sin aliento, sin excusas, sin palabras, describió en segundos, una síntesis de 35 años de pedido reiterado, nos dejo perplejos y dijimos, vamos.
       Llegamos a San Pablo en vuelos diferentes, Mario y Gise por un lado, Juan Pablo Luis y yo, por el otro; Luis después de 20 años de no viajar en avión, entro en pánico minutos antes, luego se estabilizo, llegamos y empezamos a vivir lo que internamente estaba en la mente de Silvano, llegamos a su San Pablo, fuimos a su Bar, a su casa, cenamos, desayunamos (al estilo Mel), recorrimos la ciudad, vivimos una noche especial “cumple de 50” y “15 de Breno”, pasamos un domingo en familia, las pastas y tortas de Fiorina, el bacalao de Mel, las charlas, el café, todo fue muy intenso en esos tres días vividos, pero lo más importante, fue la hospitalidad, el cariño, el afecto, la calidez que va a quedar tatuado en nosotros siempre, como una experiencia vivida que no se repite, nos emocionamos, nos reímos, lloramos, roncamos, nos alegramos con el vino espumante, engordamos y disfrutamos de su casa como si fuera la nuestra, nos sentimos en su San Pablo, nuestra casa.
       Podría escribir un libro, de estos últimos 35 años, un capitulo de varias hojas, de lo que fue el cumple de 50 años de Silvano, solo que este texto, es una síntesis de lo vivido, hay cosas que no se pueden describir en palabras, se sienten, se perciben, se viven, se late, como dije al principio, nos une la amistad, somos una familia y conformamos un manifiesto en nuestra adolescencia que perdurara por los tiempos, no es casualidad que el bar se llama MANIFESTO, porque cuando entramos los 5 el viernes por la noche al bar, sentí que era la síntesis de nuestra esencia, juntarnos para disfrutar de la vida, juntos, en el Bar de Silvano, en su San Pablo, que durante mas de 30 años nos describió  con pasión y que estábamos ahí para cumplir un sueño, de un pibe que se fue temprano y que tiempo después nos junto en su terruño, como hace siempre, dando su corazón y alma para los amigos.
        Como describió Juan Pablo en Facebook: “Porque hay lazos que se tejen una vez y son para siempre. Porque rendirle culto a la amistad nos mantiene vivos. Porque no importa tiempo ni distancia: todos para uno y uno para todos.”
      Por todo eso, Amigo y hermano del alma, en nombre de los pibes “NOS”, va un agradecimiento eterno, esta vez sin palabras, solo nos quedamos con el ultimo abrazo en San Pablo, para dártelo una y otra vez, donde sea y cuando sea.

24 de octubre de 2019

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